viernes, 20 de febrero de 2009

¡AL POLVO!

Al agua, pato.
Quiero vivir así.
Al agua, huacho.
Quiero navegar s’así.

¿Por qué no viajar?
Vivir en cada puerto
por al menos tres años,
y partir y volver a comenzar.

Si la muerte está a la vuelta de la esquina,
pos qué mejor que hacerlo: Desorientémosla.
Y que nos busque, infatigablemente.
Que pague todos nuestros pasajes.

Y que se canse, aunque no ceje.

Yo no sé, señor, lo qué significa la pobreza.
No quisiera, por supuesto, caer en ella.
Pero tengo la ventaja de saber lo que es
no saber tampoco qué carajo significa la opulencia.

¿Por qué detenernos, por qué no viajar?
Y hacer la vida aquí y allá y seguir y seguir…

Hasta el mismísimo momento en que Ella
nos llegue a atrapar y nos diga:
“La re-concha de vuestra hermana,
¡Lo que me costó llegar!”

Al agua, pato.
Al agua, guacho.
¡Al campo, a la ciudad!
Al polvo.
Al río.
Al allá donde es grato no hablar más.

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