(o El Fornicador)
En la oscura inmensidad,
donde solamente Dios alquila un cuarto
en la pensión más licenciosa,
se encuentra esa enormidad refulgente
que se presenta copiosa y babeante,
desbordando las calles de nuestro barrio,
enfureciendo motores y almacenes,
calentando la errática nuca del deslumbrado caminante
en este bellísimo domingo
que también parece ser, a veces,
una negra gotera en la sudada frente.
……………………………………..
El milenario fornicador de ampuloso semen
simula su viaje donde, fogoso, deja erosionada
la saciada Pampa de mi nombre,
para acabar en la penetración Pacífica.
Y me queda la fatigada sensación
que, aún cuando deseáramos imitarle,
Él es el único que puede hacerlo sin lastimarse.
lunes, 23 de marzo de 2009
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