martes, 15 de septiembre de 2009


Metástasis II




Soy un gordo mala onda.

Sobrepaso los cien kilos sin problema.

No me importa un carajo
que la gente piense sobre mí
lo que quiera.


¡Me cago en todos ellos!

Yo nunca me engaño.


Soy gordo, tengo tetas de grasa,
el culo lleno de pelos, granos,
y tres anillos forman mi buzarda.

¿Acaso un flaco como vos,
un rubiecito como aquel
o un musculosito como éste
son tan diferentes?


Podrán serlo,
pero jamás serán perfectos.


Leéte en las revistas y buscáte.

Seguramente allí no habrá nadie como yo.
Pero dalo por hecho, morochito:

Ahí tampoco habrá nadie como vos.


Miráte un poco en la tele.

¿Te ves reflejado?

¿Sentís las ganas de ir a comprar,
de alindarte, de camuflar tu enorme nariz
con una rica campera de cuero y un par de jeans?


¡Que pena que todavía no te avivaste
que las únicas que pueden jugar
a la metamorfosis son las mariposas!


Yo soy un gordo hermoso
que le gusta mucho a su novia.

Y con ella, en la cama reforzada,
nos damos maza todo el santo día.

-Es más, mi nena y yo apostamos
a que vos casi ni culeás-


Por suerte no tengo muchos amigos.

Soy un tanque lleno de orgullo.

Soy gordo y me la banco.

No como otros de mi talle
que se dejan manosear por los delgados y “bonitos”
en busca del cariño zalamero
y la redención definitiva.

-¡Esos son de los peores, los más ingenuos!-


El mundo no está armado para mí ni para mi chica.

Y a nosotros nos metieron en esa gran bolsa imaginaria
donde ustedes depositan a los Indios, a los Inmigrantes,
a los “Maricas”, los Sordos, los Estúpidos,
los Inválidos y los “Negros”.


¿Y todavía tienen el tupé de decir que lo nuestro es pura bronca?

Para mí esa es vuestra excusa
por sentir, de nuestra parte, tamaña indiferencia.

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