martes, 29 de diciembre de 2009

210



Mis poetas se preocupan harto del lenguaje:
De cómo tratar con él
y de qué mejor manera trabajarlo.

Muchas veces uno se siente chato del lenguaje.
La vida entera usándolo
y hablando hasta dormidos
para no decir más que weás.

El lenguaje no es nada.
Dejemos de creer en él.

Nada importa de él
sino la interpretación…
Y ahí, locura, no lo atrapás ni por casualidad.

“Gasfíter de Lo Espejo dispara a su mujer”.
“¿Qué será de mi torturador?”
“A Nina le desagrada su empleo, su jefe y la metro”.

“¿Recuerdas cuando las norteamericanas
contentas repitieron‘chapalapachala’ en la esquina
donde la botillería
y todo el malandraje chileno? ¡Cómo se la creyeron!”.


Ahí se va la micro.
La 210 seguro que nos lleva.
Ay, nena, gordita divina, hazme caso:
Mejor volvamos a Babylon.

1 comentario:

Milo Pratt dijo...

weno...

¿qué será de mi torturador?

Gran frase sacada de su contexto...

las palabras no siempre -casi nunca, o muy seguid- no tienen sentido... de hecho es normal decir algo y despu´s tener que aclarar los propios dichos... con otras palabras claro está... de hecho cuando no logramos explicar algo hacemos un dibujo...

Como decía, no siempre tienen sentido -o el sentido que alguno le gustara que tuvieran- pero siempre, son evocativas.