miércoles, 23 de diciembre de 2009

HIERRO LLAMEANTE EN LA VOZ DEL QUE VIENE DE LEJOS PARA CONTAR




Vacacionar a lo pobre
frente al Cerro,
la meseta, el río,
la montaña

Cae la luz,
baja el calor.
Junto al fuego
de leños secos robados:
El pan y el té.

¿Se acuerdan ustedes, que fueron mis amigos,
del nombre de quien nos tiró en camioneta
desde la ruta en Santa Elena?

¿Alguno de nosotros conserva todavía
el hormigeo portentoso cuando cesó la lluvia
-la "yuvia"-
y despejó el cielo para asustarnos alegremente
ante la sangre del hierro?

Yo me acuerdo, fantasmas de lo vivido,
del pequeño temblor que cortó de cuajo cierta conversación,
de los vecinos de carpa con sus hijos
y de uno de los hermanitos

esa nenita hermosa de séis años
que no quiso que la retratáramos:
¡De ella estabamos todos enamorados!

Y más de uno se dijo:
Cuando tenga un hijo
quiero que sea tan linda
como esta nena.

Vacaciones de pobre tonto y feliz rechoncho.

Si nosotros nos separamos algún día,
no nos demos las excusas.

Yo confío les pasó lo mismo que a mí:
Ante tan bruta belleza
uno no puede sino volverse solitario.

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