"Somos felices
peligrosamente..."
Robert Lowell
Hablo solo.
Jamás dejo de hablar solo
todo el tiempo que estoy solo.
No soy un desamparado
ni tampoco un rechazado.
Tengo muchísimos amigos.
Me conocen en Argentina,
Me conocen en Chile.
Me conocen en España.
No soy famoso,
pero soy conocido...
tanto así
que cualquier día
cualesquiera de mis amigos
se encontrarán en alguna mesa de Francia,
Venezuela, el Congo o Amsterdam
y sin quererlo, mencionaran mi nombre.
Y se reirán de recién haberse conocido
y de haber descubierto que yo estuve siempre ahí,
entre ellos, para que ahora se cayeran las excusas
que suelen molestar o impedir conocerse,
amigarse, gustarse, amarse... Qué sé yo...
Pero hablo solo.
Y también bailo solo.
En el trabajo casi a diario.
En la ducha, todo el tiempo.
En la mañana, cuando mi cuerpo
se levanta primero y me despereso:
Bailo inconscientemente solo,
como los árboles y los tarados.
Y soy feliz.
Aunque debo reconocer
que ciertas veces pienso en todo esto,
en todo lo que hago cuando no pienso,
y me da vergüenza que alguien me descubra.
Por eso lo confiezo.



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