jueves, 30 de octubre de 2008

EL OCASO DE LOS GENERALES

En una mañana en que
todas las cotorras enmudezcan,
en que el Sol no se quede
por fin dormido,

en que las calles anuden
la necesaria pereza de la libertad
que niega el temor,
en que los amigos recuerden...

En dicha mañana
rasgaré mi vena derecha.
La dejaré libre
y que desangre, placenteramente.


En una tarde
en que el calor
doblegue a las poleras,
en que el viento refresque

en la verana sombra,
en que el árbol más añejo
susurre la juventud de sus hijos;
en que la violencia gubernamental

no sea más que un cuadro indefenso
pintado por el mejor
de los surrealistas...

En aquella tarde
desafinará mi vena izquierda.
La dejaré libre
y que desangre, anhelantemente.


En una noche
en que los tormentos
vuelvan con el ocaso
y adolezcan a los generales,

en que la simplicidad
de los hombres discrimine
el absurdo del poder
y a sus psicofantes,

en que la cruz por fin
castigue la cobardía
de los clérigos informantes...

En esa noche
se irá, por fin,
toda esta malasangre


Y los niños de mañana
volverán a nacer
bajo soleados cielos de concienca
y humana seguridad.



Y ese día llegará.

No hay comentarios: