viernes, 20 de febrero de 2009

12

Perder la conciencia,
dejarla en el piso
como cuando se tira la camisa,
puede doler más que
la certeza conciente de algún dolor.

A veces, a lo sumo una
o dos veces en la vida,
el hombre debe descarriarse,
perderse, caerse o internarse
en la puta selva de su espectral imaginación.

Allí abajo están la miseria propia,
la vergüenza ajena, la insensibilidad
y la colección del daño
perpetrado a los demás…
Que siempre nace en uno.

Allí dentro está el silencio
cubierto de silencio –retumbado de silencio
y la atmósfera trabada y seca,
con la luz débil de una esperanza
en la cual no se puede creer,

y toda la decrepitud cívica,
la ictericia moral,
la infección humana.


Allí, en el vacío, ningún vacío es suficiente.

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