
Un día voy a llegar a vos, lo sé.
Lo que yo padezco ya no es amor.
Más bien una desesperación amorosa.
¡Me duele buscarte en las mismas esquinas!
Amo y amaré a todas las mujeresde
mi extraña juventud.
Pero tus ojos enormes, abismales,
tentadores, poseen lo que me dijeron es mi alma...
Y la necesito.
Te necesito,
para vivir un poco más, ¿sabés?
¡Es muy duro el que sólo uno de los dos
se quede con el recuerdo del otro!
(Y el recuerdo, por si no lo sabías,
es una repetición castigadora)
Tu cuerpo frágil, que el viento siempre esquiva
Tu cintura humilde, que sólo puede asirla un piolín
Y los picos de tus hombros... Inolvidables...
Uno es el Cerro Colorado.
Al otro le bauticé Pan de Azúcar.
¡Ya te has ido por siempre
y no sabes lo que significan
estas espinas al evocarte!
Tus piernas tan ligeras, tan livianas...
Ya no puedo olvidar cuando confesaste
poner una planchuela de hierro
a tus zapatillas para no salir volando,
para no desgarrarte en pleno cielo...
Tus manos morenas de exigua y suave piel,
con las venas bien grabadas,
caen delicadas hasta resaltar
tu ombligo procaz por el cual muero
con exaltada nostalgia, hasta nombrarte
dentro del vacío que ha marcado tu ausencia...
¿Qué es lo que se puede hacer ahora...?
Un buen día voy a llegar a vos, lo sé.
Y cuando te vea, ya nada será igual.
Te regalaré estas palabras, por supuesto,
pero ya nada será igual, nada...Y lo agradezco.
(Hoy, tan sólo eres la sombra perdida de un beso)
Lo que yo padezco ya no es amor.
Más bien una desesperación amorosa.
¡Me duele buscarte en las mismas esquinas!
Amo y amaré a todas las mujeresde
mi extraña juventud.
Pero tus ojos enormes, abismales,
tentadores, poseen lo que me dijeron es mi alma...
Y la necesito.
Te necesito,
para vivir un poco más, ¿sabés?
¡Es muy duro el que sólo uno de los dos
se quede con el recuerdo del otro!
(Y el recuerdo, por si no lo sabías,
es una repetición castigadora)
Tu cuerpo frágil, que el viento siempre esquiva
Tu cintura humilde, que sólo puede asirla un piolín
Y los picos de tus hombros... Inolvidables...
Uno es el Cerro Colorado.
Al otro le bauticé Pan de Azúcar.
¡Ya te has ido por siempre
y no sabes lo que significan
estas espinas al evocarte!
Tus piernas tan ligeras, tan livianas...
Ya no puedo olvidar cuando confesaste
poner una planchuela de hierro
a tus zapatillas para no salir volando,
para no desgarrarte en pleno cielo...
Tus manos morenas de exigua y suave piel,
con las venas bien grabadas,
caen delicadas hasta resaltar
tu ombligo procaz por el cual muero
con exaltada nostalgia, hasta nombrarte
dentro del vacío que ha marcado tu ausencia...
¿Qué es lo que se puede hacer ahora...?
Un buen día voy a llegar a vos, lo sé.
Y cuando te vea, ya nada será igual.
Te regalaré estas palabras, por supuesto,
pero ya nada será igual, nada...Y lo agradezco.
(Hoy, tan sólo eres la sombra perdida de un beso)



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