viernes, 20 de marzo de 2009

MARTES TRECE

Voy a decir algo muy sencillo
en contra de la superstición.

El pasado martes trece de este junio
que no se inmuta
ante el temido seiscientos
sesenta y seis que,
como a veces suele suceder,
aconteció este año:
Nadie murió de oscurantismo.

Ese día trabajábamos
en la fábrica de San Nicolás
y allí sí que había razones
para temer hasta el yelmo:

Bobinas de quince
a veinticinco toneladas,
apiladas unas sobre otras,
podrían haber caído
sobre nuestros pies

pero para ello
no es necesario
ningún martes trece.

Bobinas y más bobinas
de quince a veinticinco
toneladas viajaban
por los aires, cotidianamente,
arrastradas, traídas y llevadas
por gigantes puente-grúas

Manejadas por el posible
errar humano,
cualquiera de ellas podría
haber caído sobre nuestras
cabezas protegidas
por la insignificancia
de blancos cascos de plástico.

pero para ello
no es necesario
ningún martes trece.


Al desandar los trescientos kilómetros
que nos separaban
de nuestras casas,
bien pudimos haber muerto
al menos trece veces
en la oscura y peligrosa ruta nueve

Pero para haber muerto como se debe
deberíamos haber emprendido
el viaje el pasado martes
y no la noche del quince, jueves.

Qué se le va a hacer.
Seguimos vivos .
Y en aquel día, en este,
en el que viene,
el Sol seguirá naciendo
y los profetas de la muerte
acabarán por perder su mito.


Voy a decir algo más
en contra de la superstición.
A mí, lo que más me gusta
de todos los martes trece
es que justo ese día
siempre ha de caer
un martes
y por suerte trece.

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