
A mi Padre.
Detrás del océano un barco parte
a las cuatro de la tarde.
Desde cubierta, en silencio,
un joven observa a su madre:
Ella está callada, inerte en el puerto.
Adiós o Bienvenido
son palabras
que se perdieron
en la antigua Roma.
Al resguardo de la Luna blanca
Al resguardo de la Luna blanca
el océano se parte a la mitad.
Y sus distraídas aguas morenas
exaltadas despiertan
por la sal de una lágrima perdida.
El joven español ha ganado
la Nación de la Soledad



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