miércoles, 24 de junio de 2009

UNA PLAYA DE MIERDA (Inconcluso)

(...) el loco nos lleva a pasear por la costa
donde ahora vive con su padre.
Nos va contando nimiedades pueblerinas
a un grupo adolescente
que no le importa otra cosa
sino fumarse unos pitutos, escabiar largo
y tendido y encarar minusas.

El pibe nos lleva ahora por la Avenida Nº 1.
"Esta es la callecita Principal -nos cuenta-:
Donde está toda la movida" -cierra entusiasmado.
Aunque lo único que se mueve
es el escabroso y sobrante sol que no hace juego con nuestras resacas.

Y grita y se ríe fuerte.
Y cuando se calla, mira a su chica
y le recuerda, en voz alta, lo fea que es.
(La piba no es tan fea... Apenas la cara
un poco alargada... Pero tiene buenos pechos,
cinturita... y un culo manzanita bien paráo
que te da hambre...)

Ninguno dice nada en su primera confesión abierta.
En la segunda, el mocoso se gana unos insultos.
En la tercera, un pequeño arrebato.

Despúes, se nos aleja...

Las dunas parecen placenteras. Vamos hacia allá.
Vemos al fin lo bello frente a nosotros:
El centelleante puntito amarillo se convirtió
en una enorme bola roja y se separar de la diminuta
ciudad playera.
Sin decir nada, le agradecemos que se vaya
con un noble gesto Italiano con nuestros brazos.

Sentarse en la arena,
en la sombra de la arena,
refresca nuestros sucios chupines.
Entonces la piba dice: "Miren allá"...

Señala al mar y nos cuesta creer
que aquella enormidad anaranjada sea la luna.
Pareciera estar suspendida a escasísimos metros del agua,
y ésta nos da la impresión de estar desesperada, ansiándola que caiga.

Nos quedamos callados por un rato,
mirando cómo ella, la Luna, va achicándose, alejándose
de nosotros... Subiéndose. Y nos cubre al toque la noche.
Sigue el silencio.
Apenas si movemos las bocas para escupir
los gránulos de tierra sílice
que el viento nos convida a la fuerza.

En el pueblito de mierda, donde se jactan de tener
alemanes, danéses y algún que otro irlandés fundacional,
están ansiosos de festejar el pronto fin de año
y ya lanzan cohetes y bengalas al cielo.
Cesa la algarabía, por suerte: Nada más estúpido
que la felicidad hipócrita de un pueblo imbécil.

Ahora que guiñan las estrellas,
algunas debiluchas, otras bien pulenta,
se oyen pisadas marchitas que se acercan:
Es el quía que se devuelve para pedirle disculpas.
La flaca se le arrima y se van pateando Por un momento
nosotros nos olvidamos que mañana tenemos que tocar
en el restaurante de los gays, también dueños del hotel.

Los muchachos están dentro de la casucha oscura
donde de día se pavonean los musculosos guardavidas de pito corto.
Yo subo. Ella sube tras de mí.
Su boyfriend se queda charlando con el terrible garca
que es su mejor amigo.

Adentro explotan las risas. La casucha tiene
una extraña resonancia. Los pitutos se consumen.
Nos colgamos del apagado eco... Algo vibra allí dentro
y el frescor de la noche se nos mete al cuerpo.
Apoya su cabeza en mi hombro, distraidamente. Yo juego a equivocarme.
La busco. Empiezan a mesclarse nuestros alientos... La beso. Me besa.
La toco. Se deja... Su mano caliente deja de acariciar mi buzarda y baja
lentamente, con el temor de no hacer ruido en la oscuridad. Y comienza a bajarme
el cierre...

Abajo, en la arena gris pálida, sigue riéndose el salame...

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