“Ana no duerme” porque espera el día. Y ella... simplemente quedó congelada dentro de dos minutos cuarenta y nueve segundos inacabables, de los cuales jamás podrá escapar.
Y lo peor de todo esto es que aun esperando el día, sola en su cuarto, jugando sobre la alfombra, tocando su sombra, contando y mirando las luces de la gran ciudad, ansiando despertar mañana en el mar, Ana piensa... Y aun niña y, al mismo tiempo, eternizada, ella sufre:
Ya no su cuerpo, sino su pensar lleva vivo el sentimiento de hastío que, inevitablemente, han de producir casi cuarenta años de enajenamiento y encierro en una simple canción que, poco a poco, va olvidando ya su compositor.
Ana, inevitablemente, no duerme.+



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