Una plegaria para un niño dormido gira y repercute,
como bien diría El Supremo, en el mismo son-ido
que siempre –y nadie sabe bien por qué- habremos de repetir-recuperar
en las sierras o en las oscuras playas, debajo de los coreantes médanos
o de los memorables espinos, en el mismísimo momento
en que aparece el legendario y por siempre esperado fuego...
¿Y quién no lo sabe? Siempre es bueno tener a mano una canción para invocarle.
viernes, 28 de agosto de 2009
MOSAICOS DESORDENADOS EN LA NOCHE -2
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