Metástasis III

Recuerdo que corrí
como si alguien me persiguiera.
No retengo aun la razón.
Simplemente corrí
como desbocado
perdiendo la línea y la carrera.
No fue cobardía lo que me picó,
eso lo aseguro,
porque al correr arrebatado
no se piensa de antemano.
Tal vez sentí cerca el afano
en la gélida madrugada
cuando solo caminaba
por calle Alsina,
barrio Claypolino: Orgullo del “Tambero”
-y yo siendo de San Martín de Burzaco-.
O tal vez haya sido así
por sentir en el cuello
la leve brisa de la paranoia
que me nerviosea el alma,
y correr era la única manera de no dejar
mi posible muerte en las manos de un fulano.



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