miércoles, 11 de noviembre de 2009

Leche





Encontré la poesía en las comisuras de una felación,
y aún no s
é cómo librarme de esto para hablar de mi madre.


Tal vez ella sabe y recuerde más
de lo que siempre ha creído saber y recordar.

Tal vez todavía piense en esas noches de sobajeo
en las cuales mi pene de niño se hinchaba y endurecía
al restregarlo en contra de su cadera cómplice.

(Primera cadera. Primer silencio entre piel: Placer e incesto)


Si yo pudiera encontrar más carne y ternura
de las que encontré en mis siestas vibrantes con mi madre,
lo más probable es que ya no sería interesante pensar
en el hecho de untar mi cuerpo con la saliva
de orgasmos desconocidos.


¡Oh, madre, cuando vas ha dejar en paz esta erección mal nacida!


Ocúpate de las rodillas que tanto te duelen y permite
que pierda el tiempo en la casa de aquella niña
que mira en rojo y celeste mientras me conduce
por sus gestos en fiebre.


Por qué no abres la ventana y dejas que se ventile
esta eterna habitación en la cual te tocó aceptar
el calvario del matrimonio.

Olvídate de mi padre y de las formas
en que quisiste que te penetrara.

Olvídate del alcohol y de estos treinta años de monogamia ingrata.


Arréglate el pelo y perfúmate la vagina.

Aún hay tiempo en esta tardanza
para protestarle al mundo con un último grito
inconmensurado de placer

Aún hay tiempo de renegar de esta sarna de trabajos
exenta de las retribuciones que siempre vivieron
en tus rezos dominicales,
en tu pedir:

En tu cruz.


Ven, acompáñame en el sexo sobre esta mesa manchada de vino
y deja tenerte en mis brazos
para ahogarte con estas risas que hablan del incesto
del cual verdaderamente nunca hablaremos.



Poema inédito del Poeta César Puente

1 comentario:

Anónimo dijo...

hay que soportar esta lectura...que escabroso....
un poco de nauseas,con ganas de leer que esto fue con alguien que no fue su madre...