
Los caimanes van saliendo del pantano
y se hacen vicarios de mis huesos.
Lagartos vitalicios que no saben hablar
gobiernan sin cesar
con políticas de salvaje tarascón.
Descendientes de ficticios dragones,
llegaron con exigencias de estirpe original.
Negando nuestro orangutanismo
supieron devorar la demagogia dominante:
Ahora es obligación arrastrar la barriga,
deformar los brazos,
adquirir sus pezuñas,
enseñar la religión de la mordida,
La ética de la boca abierta,
cazar la mosca:
Esa migaja que punza nuestra hambruna.
Vivir en la ciénaga ancestral.
Así hemos de vivir
y ya son casi treinta años.
Y escribo esto pues
se están perdiendo las palabras
Y no logro descifrar
en qué momento amanecí
con esta escamosa deformidad
en la espalda que ya estoy perdiendo.



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