jueves, 12 de marzo de 2009

YATAY PROFUNDO

De espaldas al sol se abren los senderos.
En algunos hay sólo silencio.
En otros, el murmurar del viento
enamorando las hojas del Yatay.

Pozos de tierra negra en el suelo lastimado
por hocicos extranjeros:
Nadie pudo ver al jabalí, homicida del Palmar,
como nadie puede ver al sigiloso asesino.

Por las noches, la Luna cercana exige silencio
para el olfato de la tímida mulita.
La vizcacha reconoce en la oscura quietud
la vuelta indiscutida de su reino.

Callado, observo a una y a otra,
sintiendo el imbécil deseo
de poder abrazarlas:
Por suerte huyen de mí.

En la última madrugada
vi la noche partirse en dos.
Arriba, las estrellas que no quieren irse.
En el llano, un fuego anaranjado que me atona:

Frente al río Uruguay vi la tierra moverse.
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Al llegar a Retiro sentí caer mis pies
dentro de un extenso y frío vacío.
Y mi cuerpo, maniatado por ese grito caliente
de cielo triste y mojado.

Pero soy feliz,
porque ahora sé que tengo que volver.

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